Abajo, entre las espigas de trigo, los matorrales, los girasoles y los dientes de león,
junto al lago plateado por la luna, ocurre un milagro secreto:
una danza de pequeñas luces que conversan entre sí.
Algunas preguntan:
—¿Eres tú?
Y a lo lejos se escucha la respuesta:
—Soy yo.
—¿Eres tú?
—Soy yo.
—¿Eres tú?
—Soy yo.
Y la certeza estalla:
—¡Eres tú!
—¡Sí, soy yo!
entre los matorrales, los girasoles y los dientes de león,
desapareciendo suavemente a la orilla del lago,
bajo la eterna mirada de la luna llena.
Son luciérnagas que buscan, con destellos temblorosos, a su verdadero amor.
En medio de la multitud, la pregunta se repite, insistente,
Hasta que, al encontrarse, se miran con entusiasmo y el diálogo se convierte en un juego infinito:
Entonces sus luces se funden en un mismo ritmo, en un solo latido del corazón.
Unidas en un abrazo luminoso, se pierden entre las espigas,

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